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Labels: Filosofía barata
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| El show que brindó Carl Barat la semana pasada fue el mejor recital que vi en toda mi vida. Hasta aquel miércoles 18 de abril de 2012, ese privilegio lo tenía The Breeders en la Trastienda año 2002. Pero lo de Carlos lo superó ampliamente. Muchos de los motivos que me llevan a hacer tal afirmación se pueden encontrar en la crónica que realicé para indieHearts (clic acá). Ahora no voy a redundar en lo mismo, simplemente quiero reflejar algunas sensaciones que me dejó un artista que te desarma por su forma de ser. Foto: Anita Filipponi Ese tipo es una de las últimas leyendas vivientes del rock británico y sin embargo anda por la vida como si nada, como si no tuviese conciencia de quien es ni de lo que genera a su alrededor. No es humildad, es inconciencia. Mejor dicho es una mezcla de inconciencia, espontaneidad y principalmente generosidad. Esa misma generosidad que lo llevó a mandarse todo un minirecital sorpresa al final de la proyección gratuita del documental de The Libertines en el BAFICI al aire libre. Esa misma inconciencia que lo tuvo más de una hora parado sobre un escenario solo con su guitarra, prácticamente sin seguridad y a la buena de dios (rogué porque no hubiese ningún Mark David Chapman entre la multitud). Vi a un artista que se siente feliz de ser Carl Barat, y que disfruta hacer lo que hace, siempre que haya gente dispuesta a escucharlo y que el surtido de cervezas nunca se acabe. Comparado con el divismo de otras “estrellas” cuyo legado en la historia de la música será nulo, conocer a un tipo como Carl Barat, tan simple y copado, te shockea para bien. OK, se puede decir que, a su modo, The Libertines ya había transgredido las barreras que separan al artista del público. Ahora sabemos que no se trata de una pose, es un estilo de vida. Cuando finalizó la proyección de The Libertines: There Are No Innocent Bystanders (mejor documental que vi sobre una banda de rock desde Sex Pistols: The filth and the fury) y emergió la figura de Carl Barat detrás del telón, una pareja madura –visiblemente emocionados luego de ver el film- se me acercó para preguntarme si ese hombre era el director de la película y si por eso la gente se agolpaba sobre el escenario. La cara de incredulidad que pusieron cuando les expliqué que se trataba de uno de los protagonistas del film que acabábamos de ver no me la olvido más. Aun perplejo, el señor me indagó: “Hasta hoy nunca supe quienes eran The Libertines, en el documental me entero que son grandes, que tocaron para un publico masivo en su reunión, y ahora uno de sus líderes esta ahí, haciendo un recital GRATIS, explicamelo!” Bueno, como dijo un amigo en pleno extasis durante el show del 18, esa es la generosidad de Carlos. |
Labels: Disperso
| Tengo ganas de dar mi punto de vista sobre el kilombo megaupload, así que me van a tener que aguantar. No pretendo hacer una defensa de ningún bando implicado, copyleft/right nada de eso, ni tampoco expresar la indignación que significa este nuevo vejamen del FBI hacia las libertades del mundo virtual. Desde luego que estoy recaliente, apenas me faltaban 2 links de megaupload para terminar de bajar un DVD de 8 gigas (puta madre!), pero no viene al caso. El tema acá es una cuestión filosófica: si yo fabrico palos de escoba y la gente luego los usa para romperles el cráneo a cuanto ser humano se les cruce por el camino, yo, fabricante de palos de escoba, no soy un criminal. Es imposible evitar que se cometa un crimen criminalizando a quien produce involuntariamente (o voluntariamente) la herramienta del crimen. Megaupload era el mejor servicio para alojar/descargar archivos en la nube: aún sin cuenta premium podías bajar más de 1 giga por link y a buena velocidad (quiero llorar). Obviamente los usuarios del servicio son los encargados de subir el material que, en el 99% de los casos violan los derechos de propiedad intelectual. Que significa esto? Que, como diría una famosa placa de crónica, todos somos criminales. Y peor aún, boludos. Desde sus inicios Internet nos ofreció, involuntariamente, un espacio de absoluta libertad, ausente de restricciones, donde los nerds nos pasábamos fotos porno por ICQ. O sea, los nerd hacíamos cosas de nerds en un lugar reservado para nerds. Hasta que un día te levantas y te das cuenta que el mundo se volvió nerd, pero nerd mal. Y ser nerd es cool (¿?). La ficha te cae en el preciso instante en que pescan a Pete Townshend consumiendo pornografía infantil en un sitio de internet. Loco, sos el guitarrista de The Who, no me podés hacer eso! Cómo puede ser que el tipo no sepa cómo navegar por internet sin dejar rastro? A un nerd de los de antes eso jamás le sucedería. Y los ejemplos se multiplican, boludos y más boludos que usufructúan los valiosos servicios de sitios como megaupload y no se avivan de “ocultar” o “enmascarar” el contenido de los archivos ilegales que suben. Bolud@s que usan remeras que dicen I Love Nerds y luego suben completa la película Avatar bajo el título Avatar.avi. NO! Metela en un rar, cambiale el nombre, pero jamás la subas así. La ilegalidad se puede pilotear entre entendidos, pero cuando el juego se abre, hay que prepararse para comerse pijazos como el de megaupload la semana pasada. En fin, es hermoso piratear, es muy lindo consumir algo sin abonar un solo peso, pero los nerds “de verdad” deben tomar recaudos. Evidentemente los popes de la industria discográfica están dispuestos a pasar por la motosierra a cuanto sitio de prestaciones similares a megaupload exista, y no es para menos: pensemos que en 2011 el artista que mas discos vendió fue la inglesa Adele, con 16 millones de copias repartidas en todo el mundo de su segundo álbum... la misma cifra que logró en 1999 Backstreet Boys en tan solo una semana, y nada más que en Estados Unidos. Ese caudal de ventas es imposible de lograr en la actualidad con el nivel de piratería existente, pero estos hijos de puta no se van a resignar y van a cometer todos los atropellos que sean necesarios para que todo vuelva a ser como antes. Cosa que es imposible. Y quieren que les diga una cosa? Esto va para los pendejos nacidos a finales de los 90: antes el acceso al consumo cultural era muy restringido. Pero siempre existió una minoría de locos lindos que no se conformaron con la oferta cultural del momento. Locos lindos que nunca se conformaron con el “es lo que hay”. Que fueron mucho más allá de lo nacional y popular. Que viajaron hasta los lugares más recónditos de esta puta ciudad con tal de obtener ese disco inconseguible, o esa película que jamás iba a llegar al país. Y yo no quiero ver más de esos locos lindos en mi puta vida. Piensen que hasta 2007 Muse jamás tuvo un disco editado oficialmente en el país (o sea, Muse). Piensen –nuevos, autodenominados y orgullosos nerds del siglo XXI- que casi todos sus consumos culturales, la música que escuchan, las series que miran, los comics que leen, no están editados oficialmente en el país. Hoy será megaupload, mañana todos los clones de megaupload y pasado la persona que amas, todo va a desaparecer. El mundo del futuro no tan lejano se convertirá en la peor distopía jamás imaginada, y todo por qué? Por boludos. |
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